| Alameda de Hércules, Sevilla. |
No hace mucho vivía en contacto con la naturaleza, en armonía con la tierra. Mi vida estaba limitada por las montañas y los altos árboles que se dibujaban en el horizonte al final del extenso sembrado. Aún recuerdo a mi madre y su frecuente caminata entre la casa y los establos; una caminata que realizaba entre la linde de la valla que separaba al ganado de su intento de comerse el cultivo que sembrábamos en el campo.
Aún recuerdo esa vida, una vida dura pero gratificante. Estábamos conectados con la naturaleza, como si fuéramos otras de sus raíces, eramos libres.
¿En qué nos hemos convertido?
Ahora vivimos en la ciudad, conectados con el asfalto, el cemento y paredes de ladrillos. Limitados por calles, muros y altos edificios que no nos permiten apreciar el horizonte... ¿En qué nos hemos convertido? En presos; presos digitales de una jungla de asfalto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
¿Y tú que? ¿Qué piensas? Suéltalo.